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El otro rico

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Soy ese rico vestido de púrpura y de lino : soy tuya, Señor; a los ojos del mundo, estoy más cerca de ti. Soy ese hombre que banquetea espléndidamente cada día : lo he dado todo por ti; valiente –dicen–: lo he dejado todo. Soy ese epulón que acumula riquezas en vida; lechos de marfil, vino en copas, perfumes exquisitos . No, no me pesa el desastre de José , ni el de Lázaro ; ni siquiera me compadezco de quien a mi lado está sufriendo. En realidad, no me tomo en serio tu cruz. Tengo fajos de soberbia, soy rica en prejuicios, enloquezco de tanto pensar. Estoy cubierta de llagas , provocadas por el pecado. No hay perros alrededor, pero el demonio se acerca para reírse de mí. Estoy en medio de los tormentos : me desespero, me torturan estas llamas en vida, me arde todo por dentro. Dame un poco de agua, por favor, aunque sea con la punta del dedo ... He comprendido lo que debo hacer con Lázaro y con tantos otros hermanos a los que doy la espalda cada día: amarlos. Tú mismo lo dejaste cla...

CARTA A SANTO DOMINGO

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Padre Domingo –ahora que puedo llamarte «padre»... Y me gusta llamarte «padre», y provocar las risas del que otorga este permiso, sin dejar de ocupar el lugar que nadie más que él llenará jamás–... Padre Domingo, la gente se sienta en un banco de una iglesia, en una silla en su casa o en algún banquito en una suerte de «oratorio» improvisado para dirigirse a nuestro Dios y Señor. Hoy la oración parece aburrida. Nadie habla de los caminos, como los que tú anduviste en presencia del Señor; ni del bello acto de elevar los brazos al cielo, queriendo rozar las caricias del buen Dios... La oración es algo serio que cierra los ojos –y a veces invita al sueño...– y concentra nuestras energías en lo más íntimo de nuestro ser. Con Dios o sin Él. Quieren llamarla relajación, meditación, mindfullness... Sin embargo, padre, tu oración sigue presente en nuestros días. La gente no lo ve, porque no te conoce, ni saben qué es Dios; pero todos llevamos a cabo cada uno de los nueve modos de orar que algu...